Fuente: ANC
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La cultura no contagia; las malas decisiones políticas, sí

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La crisis sanitaria de la covid-19 está teniendo consecuencias devastadoras. Uno de los sectores más perjudicados por esta es el cultural, que se encuentra, desde principios de marzo, en una situación de gran incertidumbre y con la imposición de innumerables restricciones, medidas incoherentes que solo hacen que aumentar la precariedad ya presente antes de la pandemia entre estas profesionales.

Me gustaría empezar destacando que, actualmente, parece que todo es culpa de este nuevo virus recién llegado que se ha convertido en la excusa ideal para todos nuestros problemas. Todas sabemos que la cultura en este país sufre una alarmante infravaloración, no es nada nuevo, y el virus no ha hecho más que evidenciarlo. Esto lo vemos no solo desde la política, donde se le dedica un presupuesto ridículo menor al uno por ciento, sino también en el papel que juega en nuestra sociedad. El sector cultural se ve como un mero entretenimiento no útil y productivo en la sociedad capitalista en la cual vivimos. Esta idea la explica la filósofa Marina Garcés cuando habla de la visión idealista que se tiene de las artes y las letras, muy ligada al concepto burgués de la separación entre el tiempo de la producción y el trabajo y el tiempo del ocio y el cultivo del espíritu.

CULTURA SEGURA Y CONTAGIOS INFUNDADOS

Teniendo en cuenta los argumentos anteriores, no me sorprende la insultante consideración que se está teniendo con la cultura. Cuando las cosas se ponen feas y los contagios aumentan, siempre se empieza recortando en ella. Actuación totalmente incoherente, ya que, como repiten constantemente las trabajadoras del sector, la cultura es segura y no ha habido contagios causados por esta. Además, pese a las medidas incorporadas y la buena voluntad, se ha cerrado todo (cines, teatros, salas…) sin garantías de futuro y sin ninguna alternativa para poder desarrollar su trabajo. Por ejemplo, si hubiera interés, se podría invertir en purificadores de aire  con filtros HEPA (High Efficiency Particulate Air), como se está empezando hacer en las aulas de algunos colegios e institutos en España, para garantizar que los espacios cerrados sean más seguros.

En conclusión, pienso que la cultura está pagando duramente el pobre intento de frenar una crisis que nadie sabe muy bien como afrontar. Entiendo que es una situación tremendamente difícil y desbordante, pero, con un poco más de predisposición, creo que sería posible encontrar alternativas al cierre total del sector cultural. Porque la cultura no contagia, las malas decisiones políticas sí, y porque, por muchos que no escondamos tras lemas bonitos y esperanzadores, sabemos que solo todo irá bien para las de siempre.

Escrito por Mireia.

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